Las tejenderas de Traslasierra
Las Tejenderas de Traslasierra es un grupo de mujeres y un solo hombre, de entre 50 y 80 años, para quienes el tejido es un modo de vida; la "herencia recibida", como ellos lo definen. Viven en ranchos de piedra, barro y paja construidos con sus propias manos. Sus vidas son sencillas y cargadas de enseñanzas y experiencias, que están siempre dispuestos a compartir con quien desee escucharlos.
María Francisca Domínguez es una de estas artesanas y su vida bien refleja la de todo el grupo. Sesenta y tantos años. Morocha, de rasgos indígenas, mirada profunda y hablar pausado. Sus manos, al igual que su cara; curtidas por el frío y por el sol. Manos grandes, casi casi masculinas, con grietas dibujadas sobre la piel. Vestimenta sencilla. Calidez humana, simpleza, dulzura. Vive en Las Rabonas con su marido. Teje desde que tiene memoria. Le enseñó su madre, y a ésta la suya y así de generación en generación. Teje sin mirar, es un hábito que está totalmente incorporado a sus movimientos.
Su día empieza a las seis de la mañana. Alimenta a sus animales, los cuida, siempre con el tejido en las manos. Almuerza y sigue con su trabajo doméstico mientras las agujas continúan haciendo equilibrio entre sus dedos cada vez que le queda un espacio entre tarea y tarea. A las ocho se sienta a hilar hasta las once o hasta la una si es mucho el trabajo.
Ella esquila sus ovejas y tiñe la lana con yuyos que consigue en las sierras y que reconoce con sólo mirarlos. Tiene un telar fabricado por ella misma, rústico, clásico. Con troncos cruzados. Allí pasa horas trabajando aunque lo tiene prohibido por el médico ya que le trae problemas de columna, pero el telar puede más que el dolor. Estuvo seis meses sin tejer pero o aguantó más y volvió. Piensa seguir hasta donde pueda, tiene el aliciente de su madre que tejió hasta los ochenta años sin inconvenientes.
Fuente:
Lorenzo, M. Cecilia y Mores, Maximiliano M., "Tejenderas: un estilo de vida" , p.19-20, en Help Age International julio/01, La Paz, 2001.